
La capital escocesa es una ciudad vibrante durante todo el año. Mi recomendación pasea por ella, recorre la conocida «Royal Mille», piérdete por la zona antigua y visita todos sus callejones . Una opción fantástica es reservar una visita a pie con algún guía local para que te pueda contar de primera mano anécdotas de la ciudad.
¿Sabrías decirme quien trabajo como lechero en Edimburgo? ¿No? ¿ Y si te dijera que interpreto a James Bond? Si, si Sean Connery.

Una de las imágenes más impactantes cuando llegas a la ciudad es la de su castillo. Esos riscos negros donde se asienta, son la razón de la existencia de Edimburgo, ya que era la zona más fácil de defender de sus enemigos . Aunque se le denomina castillo realmente es una fortaleza y a día de hoy pertenece al ejercito.

Un elemento arquitectónico muy característico, son los callejones (closes) que aparecen entre edificio y edificio. Rodeando a la ciudad de misterio ……..

Pero si todos tenemos una imagen que siempre nos recuerda a Edimburgo, es la estatua del perro Bobby quien conquisto el corazón de la población por su historia. El dueño del perrito era una policía que según cuentan no era demasiado sociable y no tenia amigos. Así que su compañeros de profesión decidieron regalarle un perro para que le hiciera compañía, pero en lugar de un perro policía le entregaron un pequeño Skye Terrier; posiblemente para mofarse de él. Tras un período corto de tiempo, el dueño de Bobby falleció pero el animal se mantuvo al lado de su tumba hasta sus últimos días.

Otro lugar digno de mención es Victoria Street con sus fachadas de colores, repleta de tiendas. Se rumorea que J.K. Rowling, escritora de Harry Potter, se inspiro en esta calle para crear el callejón Diagón.

Por supuesto para tomar la fotografía panorámica típica de la ciudad tendrás que subir hasta Calton Hill.
Al terminar el día nada mejor que relajarse tomando una pinta de cerveza en alguno de los pubs de Rose Street.